Menú

La Escuela de Arte y Superior de Diseño le invita a la exposición colectiva "Enemigos Manifiestos" que se inaugurará el viernes 5 de diciembre a las 20 horas en su sala de exposiciones (Pº de Artes y Oficios, s/n).

enemigos manifiestos

 

Artistas que participan en la Exposición

Juan Pérez, Miguel Calderón, Mª José Gallardo, Florentino Díaz, Roberto Massó, Alberto Marcos, María Ramos, Jose Manuel González, Fermín Solís, Nacho Lobato, Enrique Flores, Manolo Acedo, Mª Jesús Manzanares, César David, Antonio Gómez, Virginia Rivas, Carmen Palop, Tete Alejandre, Alejandro Pajares, Luis Costillo, Verónica Bueno, Juan Ramón Fdez. Molina, Alejandro Calderón, María León, Rorro Berjano, Ceferino López, Andrés Talavero, Laura Cirilo, Encarna Ruiz, Mª José Vega, Arturo Portillo+Maca Sendón, Javier Fdez. de Molina, Sebastián , Jesús Pizarro

 

 

 

Valerosos, despreocupados, irónicos, violentos, así nos quiere la sabiduría, es una mujer, ama siempre únicamente al guerrero.


Así habló Zaratustra, F. Nietzsche

 

Y también en mí se alza la ola. Se hincha, arquea el lomo. Una vez más tengo conciencia de un nuevo deseo, de algo que surge en el fondo de mí, como el altivo caballo cuando el jinete pica espuelas y después lo refrena con la brida. ¿Qué enemigo percibimos ahora avanzando hacia nosotros, tú, sobre quien ahora cabalgo (…)? Es la Muerte. La Muerte es el enemigo. Es la Muerte contra lo que cabalgo, lanza en ristre y melena al viento, como un hombre joven, como Percival cuando galopaba en la India (…).


Las Olas, Virginia Wolf

 

Desde los albores de la Modernidad se viene discutiendo concienzudamente sobre el problema de la autonomía en el arte y los posibles vínculos del artista con la sociedad en la que desarrolla su obra. Ya en las postrimerías del Absolutismo, la estética ilustrada, reivindicó la necesidad de una esfera propia, autónoma y libre, desde la que hacer propuestas al margen de instituciones seculares como la Iglesia o los Estados del Antiguo Régimen. Tras la Revolución Francesa y el nacimiento de la nueva sociedad burguesa, la estética de la modernidad desarrolló una autonomía negativa de rechazo a la nueva y deshumanizada sociedad industrial mientras luchaba activamente contra todos los valores establecidos por la normalidad burguesa. Lo vimos durante el Romanticismo y las vanguardias históricas.

Y hoy, inmersos como estamos en una sociedad en la que el capitalismo cultural es la estructura ideológica dominante, el debate sobre la cuestión es sin duda inaplazable. Desde la segunda mitad del siglo XX, las estructuras culturales capitalistas han conseguido ir absorbiendo poco a poco casi todas las propuestas estéticas vigentes, haciendo incluso de la disidencia, la crítica o la protesta, una seña de identidad cualitativa para un determinado producto que también sale al mercado: el artista, su obra (y su merchandising). Precisamente, Enemigos Manifiestos, al poner de nuevo en cuestión, explícitamente, la realidad del artista como foco de tensión, como fuente de polémica o hasta como objeto de ataque, trae de nuevo el asunto de la autonomía al centro del debate.

El arte dice cosas. Siempre ha sido así. Y todo decir es problemático, especialmente en una disciplina como la que nos ocupa, en la que no existen sentencias enunciativas, si no que por el contrario, todo lo que se dice está sujeto a interpretación. A finales del siglo XIX, Nietzsche se cuestiona el concepto de verdad, positivista y científico, vigente hasta ese momento, al mismo tiempo que propone la vía del arte como principio de conocimiento, ya que no busca paradigmas, induce a la interpretación y a la crítica y cuestiona continuamente los valores sociales vigentes. Y sobre todo, porque el artista es un continuo creador, un imitador de la naturaleza que nunca deja de hacer propuestas, desde un modo de ser que se presenta incuestionablemente como la única forma posible de conocimiento y relación con la realidad: el ser activo, valiente y combativo, como el guerrero del aforismo que encabeza este catálogo.

Poco después, ya en el siglo XX, las Vanguardias Históricas se propusieron, con más o menos ahínco, demoler el sólido edificio de la Modernidad perdiéndole el respeto a todos sus consolidados valores: los morales, científicos, epistemológicos o estéticos. Algunos incluso se atrevieron a seguir a Nietzsche traspasando la exigua esfera de lo artístico que hasta ese momento les había concedido la sociedad burguesa, para emprender un proyecto transformador de la sociedad desde los parámetros del mundo del arte. Este fue el principal objetivo de los dadaístas, de casi todos los surrealistas o de los artistas procedentes de la vanguardia rusa revolucionaria, con Rodchenko, El Lissitzky o Stepanova a la cabeza, por poner solo algunos ejemplos; estos últimos incluso, estaban dispuestos a acabar para siempre con el arte y los artistas, al considerarlos anticuados conceptos burgueses, disolviéndolos dentro del proyecto emancipatorio de la Modernidad, que por fin parecía haber triunfado tras el estallido revolucionario de 1917. Fueron de este modo los primeros en certificar (muy brevemente, eso sí) la defunción del Arte. Pero los totalitarismos primero y la II Guerra Mundial después, no resultaron ser un buen contexto histórico para tan revolucionario proyecto, que por supuesto, fracasó.

El mundo postbélico del que somos hijos legítimos, transformó al artista, lo secuestró de la ruinosa, utópica y vieja Europa y se lo llevó a vivir una plácida existencia neoyorkina (ahora la nueva gran metrópoli artística), al mismo tiempo que nacía el american way of life, la gran sociedad de consumo, el capitalismo cultural y los nuevos Estados posmodernos. A través de infinidad de instituciones, estos nuevos Estados se presentaban como unos auténticos patrocinadores culturales superenrrollados que al lado de galeristas privados y ferias periódicas esponsorizaban al antiguo artista marginal, que terminó por desaparecer junto con sus propios márgenes, absorbidos ahora también por un nuevo Leviathán de colorines y gominola, como los cachorros gigantes de Jeff Koons. El Arte se transformó así en diseño, expandiéndose a través de una colección infinita de catálogos, chapas, postales, gráficas publicitarias, y decoraciones de interiores (y de exteriores, en definitiva decoraciones de cualquier cosa susceptible de ser decorada). Fluxus o Situacionistas se preguntaban cómo sobrevivir a toda esa locura, hay que reconocerlo. Los que quedan, aún se lo están preguntando…. y todo esto sucedía bajo la tutela ya indispensable de la aterradora figura del crítico de arte, que ante la creciente dispersión de estilos, tendencias, materiales y propuestas era quien decidía lo que era arte y quién era artista.

A partir de este punto volvemos al inicio de nuestra reflexión y nos preguntamos si le queda alguna esfera propia al mundo del arte, algún refugio inviolable desde el que continuar imitando a la naturaleza, siendo valiente y creativo…pero también de otro lado nos preguntamos si tendría ya algún sentido que existiera ese espacio propio. ¿Nos permiten tanto el sistema social del siglo XXI como las distintas racionalidades de la posmodernidad, decir lo que pensamos y actuar de manera autónoma desde el mundo del arte?

Existe el riesgo de confundir autonomía con autorreferencialidad, es decir, el riesgo de perder los referentes sociales, culturales o políticos, el riesgo del autoaislamiento de los artistas como colectivo que produce su obra en un vertiginoso proceso de retroalimentación que se desarrolla al margen de la sociedad real. Porque hoy los artistas siguen enfrentándose a los mismos enemigos de siempre aunque ahora lleven otras ropas. Lo bueno es que ya los conocen, todos esos enemigos son ya manifiestos; son aquellos que quieren tematizar y conceptualizar la producción artística congelándola al modo Disney, en un parque temático colorido y rentable. Son los que entienden la autonomía del artista como la posibilidad de decir lo que se quiera mientras no se haga nada de lo que se dice.

Frente a esto al artista solo le queda el nomadismo, la translación, la movilidad que le impida al enemigo capturarlo y convertirlo en estatua de sal (con un diseño chulísimo, eso sí, y financiado por la diputación correspondiente). La nueva autonomía por tanto debe ser más espontánea, más directa y más relacional, no es sólida y monolítica, busca nuevas formas de relación-acción-reacción en un mundo cambiante al que ya le quedan pocos cimientos.

Ante nosotros tenemos a X artistas que se han puesto delante de sus enemigos más manifiestos y les han hablado desde los más diversos lenguajes, expresiones, imágenes o posiciones. Hojeando el catálogo puede parecer que se perdiera el hilo conductor, de lo más sutil pasamos a lo más explícito. De lo más decorativo a lo más conceptual. Las obras parecen mostrarse ante nosotros en forma de disperso mosaico, dudamos sobre la dirección, el camino, ¿el objetivo?.... de eso se trata: así son los buenos guerreros, saben ocultarse tras la maleza y lanzarse rápidamente sobre el enemigo cuando es necesario. Lanza en ristre y melena al viento, nunca piensan que van a perder, valerosos, despreocupados, irónicos y violentos.

blogs

Volver