2015 16 Jorge Sanchez

Jorge Sánchez Calderón

Prácticas talla en piedra

Uzès, Francia

Mayo 2016

 

23 de Mayo de 2016, 17:00 horas; el camino empieza a acortarse hacia el despegar. Tras una despedida dolorosa de los míos, tanto tiempo como distancia acortan el resultado de una decisión. Tras el  segundo descenso del autobús, Madrid se abre sin cielos para mí. Desorientado totalmente a causa de mi falta de experiencia en tales lindes, lo previsible, me perdí.

 

 

 

Tras las indispensable ayuda de los demás las vías del tren vuelven a llevarme a mi destino, entre tanto situaciones diversas y nuevas para mí sucedían alrededor. Llegada al aeropuerto, paredes y techos marcaban la senda a seguir con flechas, lejos de las veredas  naturales que uno conoce. Dura noche como duro suelo que encerró la pesadez de mis párpados…

Pasados los controles de seguridad uno se ve dentro del avión que le llevará a un país que desconoce totalmente y lo peor, dejará atrás un medio, una vida, unas reglas, un idioma… ya sobre las alturas mantuve la admiración del territorio a vista de pájaro que emigra lejos de casa para cumplir con una decisión meditada. Amanecer a vista de pájaro bajo aguas inmensas que tantas fantasías han despertado, la costa aparece con olas meciendo y modelando a antojo la roca, esa que todo escultor sueña con conocer los secretos maestros de su labrado.

Voilà, 24 de Mayo de 2016, 10:15 horas, llegada a Francia, me pregunté – ¿y ahora, qué?... salir del aeropuerto de Marsella y llegar a la estación de trenes era la ruta a seguir para llegar a Nimes y de allí los responsables de la escuela me recogerían. Llegar a la estación fue fácil en autobús, llegar a Nimes en tren supondría que los encargados buscasen a una persona que medio hablase español. Al menos el aire “fresco” me daba en la cara en más de 15 horas. Tras las pertinentes horas de espera, al fin, y por todas soy recogido en Nimes por Rose Marí y otro señor, ponemos camino hacia el lugar de destino final, Uzès.

 

Curiosamente me saltó el chip y le dije que la zona me sonaba del Tour le France y así era, me lo confirmó; era asombrosamente bella, acantilados de piedra caliza rodeados por profundos bosques de eternidad… aunque mi primera pregunta fue otra, más relacionada con lo primitivo, con las cuevas rupestres y las pinturas, era un paraje que en mí evocaba esa sensación y sí, me dijo que a unos kilómetros se encontraban algunas de ellas…
Llegamos a la escuela a más de las 15:00, los alumnos se encontraban allí en clases y me dieron un tour por las instalaciones y me presentaron a otros docentes de allá… me pareció un lugar a simple vista bien organizado y con recursos. No soy de los que hablan y hablan, soy más de los que hacen y hacen y escuchan a quienes hay que escuchar, y bueno mis posibilidades ante esos docentes no se extrapolaban a más que a las simples coletillas formales de cortesía, cosa que no me hizo sentirme muy fuera de lugar. Después me llevaron al piso donde me quedaría y quedamos en la noche para una cena de bienvenida. Como es normal caí rotundo en la cama.
Cena amena, típica, imagino de estos menesteres, respecto a la comida tengo mis reservas, aunque bueno uno es más campechano en degustación.

Llegaba el amanecer y con ello la exploración y el trabajo con las piedras y herramientas que allí tenían, asombrosas algunas a la par que ingeniosas, claro está que las piedras calizas que allí trabajan son de baja dureza y ello permite amplia creatividad en herramientas que aguanten el labrado del blando material. No sabía que el primer día sería el último de trabajo en la escuela, ya que creía que estaría una semana, de ahí mi decisión se abordar un trabajo acorde a sus enseñanzas. Después de mi llegada sin un uniforme adecuado me consiguieron pantalón, una camisa y unos botos de seguridad.
Bien, la clase de la mañana con la profesora (no recuerdo el nombre), constaba de tres alumnos, los demás ya habían aprobado, me dio piedra caliza y el diseño que yo elegí, al igual que herramientas que optimé oportuno. Trasladé el diseño con plantilla y muñequilla con pigmento amarillo y me dispuse a trabajar la piedra, altamente asombrado, para la hora de la comida que hice allí en el comedor de la escuela, ya había tallado un 40% del total del elemento arquitectónico. Algo gracioso fue que mis ahora compañeros franceses se pusieron a cantar las canciones antiguas por las que es conocida España; “La Macarena”, “La cucaracha”… verdaderamente no estaba concentrado en eso, aplaudirles su pronunciación de las canciones que repetidísimas veces habrán oído.  
Convencido de que podría hacer la obra en un tiempo record para mí mismo, decidí centrarme en las siguientes horas con el próximo profesor, ambos me dejaron allí a lo mío, cosa que en mi caso agradezco ya que me gusta buscar mis propias soluciones a los problemas que me encuentro. Finalmente el tiempo expiró y salí de la clase para que me llevasen a hacer mi primera compra. Aunque regresé para continuar, mi tiempo se acabó en hoyo de berbiquí, pese al grado de acabado, alumnos de la tarde, en más número, reconocieron mi esfuerzo algunos.

Herramientas y trabajos del taller de la escuela.

Caída la tarde, decidí dar una vuelta por las calles y conocer un poco el pueblo, bella villa francesa de construcciones antiguas, de muros gruesos de piedra, rezumaba tiempos del pasado, daba esa sensación el moverme por aquellas estrechas calles. Pensé que encontraría más esculturas por sus calles pero no fue así. Aunque la arquitecturas de sus calles y casas basada el apoyo de casa en casa como contra apoyo me llamó la atención. Además de que no han perdido la definición en construcción actual, no han perdido la identidad, parece todo el pueblo un casco antiguo del norte, basada en elementos naturales casi integrados en el medio natural, esto lo pude observar al regresar a casa en el tren, a lo lejos...

La piedra caliza hace de Paladín de aquellas tierras, con su robustez y delicadeza constructiva, hábil y rápida para el conocedor. La noche cae…

El segundo día sería mí primero en la empresa, una vez ya listo y presto para la continuación de mi elemento arquitectónico, recibo la noticia de que ya empezaba en la empresa. Nos dirigimos pues hacia allá. Tras las presentaciones basadas en mi escaso manejo del idioma, me pusieron a hacerle unas formas redondeadas a unos peldaños de una escalera de caracol. Ya acabada la labor después de reponer energías a las 12:00, me dispuse hacer un adorno tallado a mano que iría en el frente de la escalera. Cortando a las 17:30, me regrese a casa con quien había sido mi capataz, poniendo una nota de humor para el siguiente día…
Llega la nota de humor, la tarde anterior quede con la chica que más habla español de allí para irme en la mañana con ella a la empresa, y bien una confusión entre conceptos “fuente grande” hizo que yo fuera a una fuente grande, y obvio el humor no estaría en que no era esa y que casi me pierdo al adentrarme en el que creía que era el camino y no era, paso atrás y regresar a la escuela no hubo más remedio que hacer. Finalmente me llevan a la empresa y después a la casa de la escalera de caracol. Y allí pasamos la mañana y la tarde instalando los trozos que habíamos trabajado el día antes. Allí buscan más la remodelación de los edificios que la destrucción y construcción, respuesta a previa pregunta.

El sábado allí no se trabaja, así que largo es el fin de semana para hacer muchas cosas, no para mí claro, porque no tenía muchas herramientas de las que dispongo para mi creatividad. Saliendo en la mañana me encuentro con una especie de mercadillo a lo grande en esas calles que noche atrás había dejado solitarias. Libros, ropa, perfumes, comida… vagando por un puesto de libros encontré uno que venía a colación, como hermano francés del que yo había traído a estas tierras alquímicas, “Las Moradas Filosofales” Fulcanelli, de título “Traité de la Pierre Philosophale” Lambsprinck. Me di un paseo por cien puestos o más que rodeaban toda la villa, los de los libros eran los únicos que me llamaron la atención…

Por la tarde me adentré en el bosque que a lo lejos podía observar, y que bosque de árboles gigantes como rascacielos de ramas, raíces y altas hojas. Me di pues un asombrado viaje por entre ellos y sus gigantescos crecimientos, ayudado el clima y el poco pillaje humano… el centro del valle es coronado por un riachuelo que corre con escasos peces y caudal, sin embargo no hay que subestimarlo, prueba propia es el destrozo de un puente robusto de madera cuyos restos no se han afanado mucho en llevarse, lo salvaje es siempre más poderoso que cualquier construcción anclada humada. Bajando por el río me pregunto por la vida que allí antes vivía, restos de molinos y construcciones y no puedo más que hacer el paralelismo con la tierra y la vida, la vida más cercana al pasado, más dura pero más real al entender natural… bajo el sonido y el golpeo de las aguas que caen y son desaprovechadas por molino de rueda ya olvidada y enterrada… caen reflexiones que quizás no tengan camino y vía fluvial en estas líneas…
Es el primer fin de semana lejos de casa, muy duro para mí espíritu, aunque la decisión tomada conllevaba ser consecuente en ese aspecto, no puedo afirmar que lo llevase bien, pero me hice a la idea…

Empezamos la semana con el encargo de una especie de fuente, el jefe quería que hiciera en parte lo que yo quisiera aunque él hubiese preferido un león, como los que el talla, eso sí cuando se les encarga… la piedra que me dan es caliza portuguesa más dura de la que trabajan ellos, no me importó ya que estoy acostumbrado a piedras duras, además el problema sería más encontrar herramientas para trabajar la escultura, no hubo más remedio que adaptarse con lo que había y pedir a mi colega Julen, encargado del corte de piedras que estaba al lado, si me podría conseguir alguna herramienta y me consiguió una escofina y unos cinceles, más tarde conseguí ya alguna de widia y de precisión de otros trabajadores. Para desbastar en primera instancia use puntero y maza de poliuretano (incomodísima), entonces días anteriores vi una especie de martillo neumático en forma de pistola y la tomé, la velocidad en la elaboración de la obra fue tremenda, tres días después estaba lista.

Verdaderamente me sorprendí a mí mismo con la capacidad que había alcanzado en tan poco tiempo. Después de acabar “La Cara Fuente”, me puse hacer diseños de nuevas fuentes, ya con la premisa del jefe de hacer algo ya más cercano a algún león ya que esperaba algo así… diseñando, diseñando llegué al concepto de Tritón haciendo la función de Atlante de los mares. Parece que me dio su beneplácito, lo primero era buscar una piedra que me llamara, que me dijera -rescátame-, y la primera opción era la escombrera, y así nos dirigimos. Tras quizás más de una hora, la encontré, piedra de Uzes una piedra poco propicia a su tallado, aun así no me suelo amedrentar fácilmente, soy amigo de los grandes retos. Que decir, tenían razón, una piedra muy traicionera, sopesé tirar la toalla al segundo día… pero no, no me lo podía permitir, si no conseguía un gran grado de detalle cambiaría mí propia visión para alcanzar la meta, desde el primer momento supe que era ella y con ella cabalgué hasta el final y juntos conseguimos limar conocimientos y como no, asperezas.

“He evolucionado en mi concepción de la escultura. La textura de la piedra habla como montaña embrutecida lo cual, texturas rudas, fuertes, potentes, contrastadas, vivas... da honor y rinde pleitesía y orgullo a los centros de la madre tierra. Lo cual me lleva a concebir una mano, un pie una oreja, una nariz, unos labios... en un bloque abrupto cincelado en puntero como obra realizada. Es la forma que tiene la montaña en hablar con su sibilino viento profundo, del alma del interior vivo, esa parte inerte que muchos así la conciben pero que viva, potente y enérgica se eleva en las manos del escultor grande y escuchador de la llamada de las piedras, de las partes puras y naturales encontradas en cada grano ponentemente unido por las grandes fuerzas de la creación de los tiempos...

A esta concepción me está llevando este trabajo a una nueva visión, al juego de texturas y luces que crean y conforman formas como ahora, haciendo memoria... como ya hicieran las primeras civilizaciones sumerias, que construían las esculturas teniendo en mente que el rostro sería proporcionado por las sombras del sol, eso si esas esculturas en los primeros templos tenían un carácter de adoración o temor a seres horribles, híbridos... como siempre creo que la pureza se encuentra allá en lo primero y menos manipulado por la razón, allí el arte se hace más potente ya que responde a los arquetipos internos de nuestra propia mente común...” Este es el legado que deja en mí esta piedra y esta obra.

En los descansos que iban de 12:00 -13:30, solía irme a seguir trabajando en mi obra, no obstante solía darme una vuelta por la escombrera y sitios aledaños, y cuando me dijeron que había unas planchas de mármol y encima de carrara pues no pude más que ingeniármelas para conseguir hacer una obra en la piedra de las montañas míticas para los escultores. “El Tritón Atlante” me llevó 4 días, el resto del tiempo me dedicaría a trabajar la obra en el mármol de Carrara y a experimentar con la creación de una forja. Para la creación de ella fue la ayuda indispensable de Julen, el único que se esforzaba en hablar mi idioma y con el que más migas hice debido a nuestro carácter creativo, entusiasta, experimentador, trabajador…

Y bien, forja en marcha después de modificaciones de entrada de aire para una mayor combustión del soplete, me dispuse a trabajar el acero en el yunque, algo fascinante… antes de hacer la forja en Siporex, una piedra artificial, use un soplete de mecánico para calentar los aceros y tallarlos; la empresa estaba distribuida en departamentos: mecánica, carpintería y cantería en sus diversos trabajos, me sentía como pez en el agua, en un ambiente donde crear casi todo lo que me viniese a la cabeza, con el apoyo de los trabajadores de allí se podía hacer realidad. Me permitieron muchas libertades, vieron mi entusiasmo y mis ganas de crear, trabajar en todos los aspectos, y tuve vía libre en el uso de herramientas diferentes a las del taller de piedra.
La cuestión que más me movía a crear la forja es que allí no querían que las herramientas se golpeasen con una maceta ya que se ensanchan los bordes, y la dureza del mármol requería la energía de una maceta de hierro y no de madera como había usado en los anteriores trabajos, así que empecé a crear mis herramientas. Decir que no conseguí el temple adecuado para trabajar el mármol, a causa de mi inexperiencia y los aceros que pude reciclar de por allí. Así que tuve que elegir las herramientas que no iban a ir  a la pistola neumática de Alex y decirle que no me quedaba más remedio que usarlas y cedió.

La obra titulada “Alegoría a la Tragedia” diseñada por el Maestro Nelson San Julián, Uruguayo, la esbocé allí mismo en la gran plancha, cuando se lo enseñé al jefe quedó prendado y me dispuso a seguir adelante. Se trata de una obra de estilo Art Decó y eso parece que le ilusionó al jefe muchísimo. Esta obra y los intervalos en la fragua improvisada me llevarían el resto del tiempo. Decidí no usar herramienta neumática, no iba a trabajar pensando en el tiempo sino en disfrutar de un gran pedazo de montaña mítica. Me consumió hasta la última gota de energías, más 8 horas diarias trabajando duro pero a gusto supremo. Incluso tuve que crear un raspín con un disco antiguo de diamante que estaba tirado (poco o nada de filosofía del reciclaje hay en esa empresa), tuve que echar mano de mucho ingenio, finalmente decidí que lo mejor en cuestión de acabado era cristalizar vía ácido la obra; entre tanto también tube oportunidad de hacer mis primeras prácticas de soldador…

Llegamos a las despedidas, no soy muy amigo de ellas, pero tal y como vine me fui con el único ruido de mis obras que hoy están en el despacho del jefe. El último día me lo tomé de descanso mi obra ya estaba culminada. Entonces fui a una librería, y estaba allí el señor moviendo unos cuadros de temática Naif Brasileño y le ayude a moverlos, me invitó a un café y hablamos lo poco mucho que el manejo del idioma internacional nos permitió, nos caímos bien…
Amanece el día del 23 de junio, la tarde del día anterior prepare el papeleo, a las 6:15 salimos en dirección Nimes para tomar el tren que me llevaría a Marsella y después en autobús llegar al aeropuerto. Horas y horas de viajes y esperas, una espera especial fue en el aeropuerto de Marsella, que me senté bajo la sombra de un árbol para reponer energías, cuando de repente me encuentro un coro de pájaros, a los cuales me uní en canto mientras compartía mis viandas con ellos…

El viaje de ida fue más especial que el de vuelta, en la ida encontré a personas que me ayudaron a llegar a mi destino directa e indirectamente. Ya desde España me encontré a gente “miliarias”, señalizadoras de los caminos, y a todas y cada una de ellas les doy las gracias ampliamente.
Como última reflexión, el viaje a tierras galas me ha hecho madurar en mi entendimiento del arte, mi arte, a la par de esperiencias que guardo para mi. Os animo ampliamente a adentraros en una aventura tal, pero os daré un consejo, nunca deis nada por sentado y mucho menos en otro país, porque la sorpresa os saldrá al paso…

 

 

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